• denissepeduzzi

Cómo empecé a viajar

Mis primeros viajes al exterior fueron resultado de mi esfuerzo profesional, trabajando en una ONG que me incluyó en un proyecto internacional sobre sustentabilidad y educación no-formal en Argentina y que luego me llevó por Asia y Europa.

En el Taj Mahal con mis compañeros de trabajo y viaje

Cuando cumplí seis años mis padres me mandaron a clases de inglés. Desde entonces soñaba con viajar entusiasmada por los relatos de mi profesora, ella había andado por todo el mundo y siempre tenía anécdotas interesantes y divertidas. Los libros que usábamos para aprender, además, tenían información muy interesante de distintos lugares, culturas, naturaleza, tradiciones y demás.


Como crecí en una ciudad medianamente chica (en Cutral-Có, Neuquén), mi único nexo con los viajes al extranjero siempre fue mi profesora. No conocía a nadie que hubiera viajado además de ella. No existían tantas opciones para viajar barato como ahora y, además, si existían a la ciudad no llegaba esa información, entre otras cosas porque no había Internet todavía, año 1996. Mi profesora siempre decía que al final del curso de inglés haríamos un viaje a Londres. Toda mi infancia eso fue la motivación para ir a las clases, esperaba tan ansiosa que por fin llegue ese día... pero después de la crisis económica del 2001 lo viajes del Instituto se suspendieron porque ya nadie podía pagarlos. Fue una decepción enorme pero a mi corta edad entendía lo difícil que era la situación para mis padres y todos los argentinos, entendía que no era momento de soñar con viajes sino de agradecer que mis viejos tenían trabajo y podíamos comer todos los días. Había saqueos en supermercados y la situación era bastante fea. Ahora sí, viajar al exterior me parecía totalmente inalcanzable, “para ricos” y nadie más, según pensaba en esa época.


Pasaron los años, me fui a vivir a Córdoba para cursar mi carrera universitaria y mi cabeza floreció de una manera impresionante. Ahora hay mucho más acceso a todo tipo de información gracias a la tecnología, pero aún así vivir en una metrópolis es otra forma de recibir información y nutrirse de la oferta cultural y académica que poseen las grandes ciudades.


Empecé a conocer mucha gente, hacer muchos amigos, de distintas provincias y de Córdoba, gente muy interesante y con inquietudes que yo jamás me había planteado.

Entre esas personas estaban algunos de los viajeros. De ellos escuchaba historias de que habían viajado al exterior en avión, a dedo, en moto, en bicicleta y demás, que trabajaban como voluntarios para no pagar alojamiento y así ahorrar, que trabajaban en granjas, que hacían “Visas Working Holiday” (¿Y eso? ¿Con qué se come?), que dormían en “hostels”. Todo era chino básico para mí. De a poco empecé a investigar, a preguntar, a googlear. Y pensaba “tiene que haber una forma de hacerlo. Si, todos lo hacen ¿por qué yo no? ¿Cómo hacen los que se van de viaje por años? No pueden ser tan hiper mega millonarios. De alguna forma subsisten estando afuera”.


Mi momento llegó mucho antes de lo que me imaginé. Como estaba terminando la Universidad y no conseguía trabajo por no tener experiencia laboral, busqué una Organización No Gubernamental (ONG) para ser voluntaria y poner en práctica mi carrera. Así llegué a Fundación TierraVida en 2013 y en 2014 mientras coordinaba el Área de Comunicación, me incluyeron en un proyecto internacional sobre sustentabilidad y educación financiado por la Comisión Europea, llamado Sustainaware.

En la oficina de FTV con el equipo. Hoy grandes amigos

En total fueron al rededor de 16 organizaciones de distintos países las que participaron entre 2014 y 2015 del proyecto. Como parte de éste, se hacían reuniones en cada uno de los países participantes. Yo comencé en el comité organizador de la reunión en Argentina en 2014. Esa fue mi primer experiencia con extranjeros, usando mi inglés fuera de clases, trabajando en un ambiente multi-cultural. ¡Estuvo genial! Aprendí muchísimo e hice mis primeros amigos extranjeros.


Después de unos días de iniciadas las actividades en Argentina, terminamos de almorzar y mi “jefe” que en realidad es también amigo, nos llamó a todo el equipo enojado para que hablemos. No entendíamos nada, creímos que nos iba a retar, que habíamos hecho algo mal sin darnos cuenta. Bueno, en realidad era un chiste solo para felicitarnos a mi compañera y a mi por nuestro trabajo y decirnos que las próximas reuniones del proyecto eran en India y Estados Unidos. Que había cierta cantidad de lugares para cada destino y que elijamos dónde quería ir cada una. Como al proyecto lo financiaba la Comisión Europea, solo debíamos pagar el 20% del pasaje, el resto estaba todo cubierto. Nos quedamos con la boca abierta. Mi amiga eligió Estados Unidos. Y yo no tenía problema de ir a cualquier lado jaja estaba shockeada. Y la verdad Estados Unidos es un destino al que alguna vez iría por mi cuenta pero la India nunca estuvo en mi mente y eso me encantaba. Así que no tuve ningún problema en que mi compañera elija Estados Unidos.

Mi primera vez en un avión internacional rumbo a India

Así fue que mi primer viaje al exterior fue a la India con tres compañeros de la Fundación. No podía creer que lo que tanto había soñado por fin había llegado, y como si fuera poco, como resultado de mi esfuerzo y para trabajar de lo que amo. Como yo aún era estudiante y me mantenían mis padres, les conté de la oportunidad que había surgido y el impacto positivo que tendría en mi carrera profesional. En ese momento el pasaje costaba entre $40000 y $50000, y lo que yo debía pagar era algo de $3000. Ese primer viaje me lo financiaron mis padres para que pueda viajar y tener esa experiencia. Si están leyendo esto Má y Pá una vez más ¡gracias! Excepto ese porcentaje del pasaje que yo pagaba, todo el resto estaba incluido: alojamiento, comidas y traslados.


En ese primer viaje mi cabeza casi explota de toda la información nueva que recibió. Aprendí a moverme en un aeropuerto ya que hasta entonces nunca había estado en uno, los chicos me iban explicando todo y Pablo, mi amigo, me re bancó con mi miedo al primer viaje largo en avión jaja. En la India aprendí muchísimo y tuve una experiencia poco turística porque fui solo diez días y a trabajar. Es decir, no tuve mucho margen para recorrer por mi cuenta las atracciones principales de India pero los locales con los que trabajábamos nos llevaron a lugares increíbles y poco turísticos. Fue un viaje alucinante que contaré en otro post.


Al año siguiente me ofrecieron co-coordinar el proyecto Sustainaware por lo que me tocó asistir a reuniones en Eslovenia (mi primera vez viajando sola) e Italia. La Comisión Europea nos permitía quedarnos solo los días que duraba el proyecto, es decir, no podíamos quedarnos a pasear ni estar más de dos días extra una vez finalizada la reunión. Pero como justo en Noviembre la reunión de Italia coincidía con el inicio de la Cumbre del Clima de Naciones Unidas en Francia, pedimos una prórroga para poder quedarnos a cubrirla y nos la otorgaron.

En Italia con José presentando avances del proyecto Sustainaware. Los dos coordinabamos el proyecto por Argentina

Para financiar el 20% de los viajes a Eslovenia e Italia hice trabajos temporales en Córdoba, que terminaban justo días antes de la fecha de mi vuelo. Aún era estudiante y terminando la carrera tenía más tiempo libre, así que trabajé en un call center de una empresa constructora y luego en una Fundación como miembro del Área de Comunicación.


Esos fueron mis primeros viajes al exterior gracias a mi trabajo en Fundación TierraVida. Una organización que me abrió inmensas puertas en lo profesional y lo personal. Aclaro que esta ONG no se dedica a organizar viajes ni nada por el estilo. Trabaja con jóvenes brindando herramientas e inspirándolos para liderar acciones tendientes a lograr comunidades más sustentables, para cuidar la naturaleza.


Otra parte de la historia de cómo empecé mi “carrera viajera” jaja fue cuando conocí a mi ídola y gurú de los viajes. Se llama Dai y era mi compañera de la Facultad. Ella aún se ríe cuando le digo que es mi ídola. Dai había viajado mucho y la tenía re clara con todo. Ella me inspiró mucho y realmente ha tenido una paciencia infinita en explicarme y responder TODAS las miles de preguntas que le he hecho en persona y virtualmente en todos estos años. Dai, si estás leyendo esto, ¡GRACIAS! Les dejo el link a su blog.

La primera vez que hablamos de viajes con Dai fue cuando le conté que me iba a India a trabajar 10 días. Se re alegró por mí, charlamos un poco y me dijo que ella estaba apuntando a ir a trabajar con una Visa Working Holiday a Nueva Zelanda, es decir, un permiso de “vacaciones y trabajo”. Era la primera vez que escuchaba eso y me explicó que con eso podías quedarte a vivir un año allí trabajando.


Tras mi primer viaje, a la India, volví fascinada y decidí que definitivamente iba a viajar como sea…¡como sea! Estaba segura que haría todo lo necesario para lograr mi meta. Viajar era lo mío, nunca en la vida me iba a perdonar si no lo hacía. Ahí fue cuando empecé a averiguar todo sobre la Working Holiday Visa con la información que Dai me iba pasando, las webs, los contactos, cómo hacer los papeles, cuánta plata necesitaba aproximadamente y mil etcéteras. Pero me faltaba lo más importante: cómo junto la plata. Necesitaba un trabajo fijo, estable y encontrar la forma de ahorrar lo más posible. Ahí fue cuando empezó mi viaje, con una decisión drástica que tuve que tomar en pos de mi objetivo viajero.

(Continuará en otro post)


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