• denissepeduzzi

Visitando París pos-atentados terroristas de 2015

Actualizado: 18 de may de 2020

15 días antes de mi viaje a Francia hubo varias explosiones y tiroteos que dejaron muertos y heridos en distintas partes de París, destino al que me dirigía para trabajar.

En 2015, mientras trabajaba como Coordinadora de Comunicación en Fundación TierraVida de manera voluntaria, me ofrecieron la oportunidad de ir a París para cubrir la 21° Conferencia de las Partes de Naciones Unidas (COP21). Es un evento en el que se reúnen los Presidentes de todo el mundo o representantes enviados por ellos para debatir sobre la problemática global del cambio climático y presentan y discuten medidas para mitigarlo.

Yo trabajaría en conjunto con la Agencia Joven Internacional de Noticias (AJIN). La propuesta era más que atractiva e interesante desde muchos puntos de vista y acepté enseguida. Sin embargo, hubo un evento que cambió totalmente el panorama alentador en el que me venía moviendo: los atentados terroristas que ocurrieron en Paris en 2015.

¿Y ahora?¿vamos o no vamos?

Ya éramos tres confirmados del equipo de TierraVida que iríamos: José, Agostina y yo. La COP comenzaba el 30 de noviembre y hacía tiempo veníamos organizando todo. Sin embargo, el día 13 nuestra entusiasta sonrisa viajera y la del mundo entero se borró, un ataque terrorista dejaba a más de 130 personas sin vida y a otras 400 heridas en París. Tres explosiones alrededor del Estadio de Francia y varios tiroteos en el centro de la ciudad habían causado un horrible desastre. Una vez que pasamos un poco el shock, nos replanteamos qué hacer. ¿Vamos o no? ¿Con qué nos vamos a encontrar? ¿Qué pasa si esto sigue?

Los tres en el avión rumbo a Europa

En las noticias, además del horror, remarcaban la cantidad de cancelaciones de pasajes y alojamiento turístico en el país. Tras varios días de estrés, charlas, discusiones y emociones varias decidimos que iríamos igual. Según nuestro “jefe” (jefe/amigo en realidad) la COP sería el lugar más seguro del mundo para estar, pues acudían los máximos representantes del mundo.


La llegada a Francia

En nuestro viaje hacia y llegada a este país nos pasó de todo. Estábamos en Italia y llegamos cerca de medianoche al aeropuerto, donde tuvimos que pasar controles más rigurosos que de costumbre por los atentados. Además, estábamos engripados, con algo de fiebre y después de un rato nos dio hambre pero no habíamos llevado nada de comer, no pensamos que habría tantas demoras debido a los controles. En un momento, mientras hacíamos una de las tantas filas de esa noche, viene un hombre y le entrega algo a uno de mis compañeros: ¡el pasaporte! ¡¡Había perdido su pasaporte y nunca se había enterado!! ¿Sabes el problemón que habríamos tenido de no ser por ese buen hombre? ¿Perder el pasaporte en un aeropuerto con controles extremados por ataques terroristas? Por suerte, no pasó nada. (El pasaporte es tu vida cuando estás en el exterior, ¡no lo pierdas nunca!)

El viaje a Francia en mi primera vez en avión low-cost fue horrible, había muchísima turbulencia por tormenta y veníamos agarrados de las manos jaja. Llegamos a destino cerca de las 3 o 4 de la madrugada, tuvimos que esperar cerca de tres horas en Migraciones mientras hacíamos una fila larguísima de gente y pasábamos por, al menos, tres controles distintos. En todos nos hacían sacar los zapatos, cinturones, revisaban nuestras mochilas con el scanner, a mano, revisaban nuestras botellas reutilizables, nos hacían preguntas (procedencia, destino, nacionalidad, motivo para visitar Francia, si conocíamos a alguien en Francia y de ser afirmativo de qué nacionalidad era, etcétera).

La vida viajera no es tan fácil

En cada fila nos sentábamos en el piso a esperar que avance, en un momento yo no pude más y me dormí sentada, con las piernas cruzadas y con la cabeza apoyada en mi mano. Obviamente, los chicos se reían de mí y me sacaban fotos.

Por fin con el pasaporte sellado y después de dormir dos horas en los asientos del aeropuerto para recuperar energías, nos dirigimos al centro de Paris en bus (Orly bus que en ese momento costaba 8 Euros), desde el centro tomamos el metro hacia la estación cercana a nuestro Air Bnb. Ese fue el día que yo decidí nunca más usar valija y llevar siempre mochila. Si existe el “mundo de los hombres topo” tiene que ser el metro de París, tiene interminables escaleras descendentes y nosotros acarreando valijas pesadísimas, además nos perdimos varias veces ahí abajo, por ende subimos y bajamos escaleras como locos moviendo todo ese peso.


Tomamos el metro, luego fuimos y vinimos entre dos estaciones varias veces porque no estábamos seguros cuál era nuestra parada. Obviamente nos terminamos bajando en la equivocada. Apenas salimos de la estación escuchamos sirenas y aparecieron cuatro patrulleros con muchos policías que se bajaron armados. No entendíamos nada. Apuntando hacia la puerta y con gritos “típicos de policía” por decir de alguna manera, entraron al negocio por el que acabábamos de pasar caminando. Yo ya estaba lista para abandonar mi valija y correr por mi vida con lo puesto (jajaja), cruzamos la calle corriendo y temblando y seguimos con dirección a nuestro alojamiento, empezamos a discutir y pelear entre nosotros por el nivel de estrés que teníamos por el cansancio del viaje y todo lo que nos venía pasando desde la llegada a París.

En una de las estaciones del metro

Ya estábamos cansados, estresados y pensábamos si haber viajado había sido una buena idea. Al entrar al departamento nos relajamos un poco y a uno de los tres “soldados” comenzaron a brotarle unas lágrimas para liberar estrés jaja (no diremos quién pero la verdad que los tres nos sentíamos así). El departamento era muy bonito y con bastante espacio, llegamos de noche y prendimos la estufa porque hacía mucho frío. Nos bañamos y ya más tranquilos fuimos a dormir.



Vivir/visitar París en crisis por terrorismo

Al día siguiente, mientras hacíamos el desayuno vimos por la ventana que en el patio interno del edificio colindante había dos militares. Estaban parados con sus armas mirando hacia los techos. Se nos fue toda la tranquilidad tan rápido como había llegado. ¿Habría pasado algo puntual o teníamos un vecino sospechado de terrorismo? A la mañana siguiente también estaban ahí y así, con el paso de los días nos relajamos al respecto y hasta nos daba gracia porque a veces los veíamos sentados en la mesita del patio tomando café o comiendo pizza en su descanso, con el arma apoyada en sus piernas.

Militares portando armas en el metro

Empezamos a trabajar y todos los días tomábamos el metro en la estación Chateau Rouge para ir a Le Bourget, donde estaba el predio de la COP. En las estaciones del metro siempre había policías o militares con armas vigilando. Nuestro viaje era de media hora aproximadamente y por la ventanilla veíamos el Estadio de Francia donde 15 días antes la gente había vivido el horror de un atentado y era imposible no pensar en ello.

Al llegar a la estación Le Bourget, tomábamos un colectivo especial destinado a la COP. Una vez en el predio, todos los días pasábamos por controles para ingresar similares a los del aeropuerto. Eran rigurosos pero bastante rápidos, solo un día estuvimos demorados un largo tiempo en la entrada porque habían encontrado “un artefacto sospechoso” en uno de los colectivos que por suerte fue falsa alarma.

Aparte del día que llegamos a Francia con el allanamiento policial como bienvenida, solo una vez con mi compañera tuvimos un susto grande cuando íbamos en el metro. Íbamos a cubrir un evento en un barrio a las afueras de París cuando el metro se frenó y se apagaron las luces por unos minutos, o quizás fueron segundos pero para mi fueron una eternidad. Íbamos sentadas una frente a la otra y cuando volvió la luz vi que ella estaba con los ojos abiertos de par en par y pálida, ella dice que yo me veía igual, el corazón me latía a mil por hora y además la gente también estaba un poco inquieta. El metro volvió a funcionar normalmente y llegamos a destino pero fue sin duda uno de los momentos más tensos.


Las atracciones turísticas también tenían controles y policías vigilando pero no tan estrictos como el aeropuerto y la COP. No eran días de turismo normal en París, muchísima gente había cancelado su visita y no había filas para entrar a los clásicos lugares turísticos. El Museo Louvre y Versalles por ejemplo, de los lugares más concurridos del mundo, eran solo para nosotros y algunas personas más.


La Gioconda al fondo y algunos turistas

Para ver a la Gioconda no tuvimos que esperar, éramos unas 10 personas en total “apiñadas” para contemplarla. Las callecitas de Montmartre casi vacías nos permitían disfrutar de todo su encanto y la noche helada frente a la Basílica del Sagrado Corazón fue el escenario ideal para unas cervezas con los chicos escuchando música en vivo. Los únicos lugares que vimos con mayor concurrencia de gente, y aun así era poca, fueron Notre Dame y la Torre Eiffel, donde terminamos participando de una fotografía de Yan Arthus Bertrand por la paz y el medio ambiente, los dos temas que protagonizaban esos días en Francia.


Continuando con el relato del turismo pos-atentados, algo que ya nos habían advertido algunos amigos sobre París es que la gente no es de lo más amable, no quieren hablar inglés y en general no te ayudan si estás perdido o necesitas indicaciones, como nos pasó muchas veces. Sin embargo, notamos que, a causa de los atentados, varias personas

paraban a hablarnos en la calle y agradecernos por estar visitando su país, nos aseguraban que es un lugar muy tranquilo y hermoso para pasear, que nunca pasó nada similar antes y que no nos preocupemos. A nosotros nos sorprendía que ellos frenen para charlar con nosotros porque, repito, en general son bastante reacios a ayudar a los turistas. En fin, nosotros contentos de que por fin algunos locales nos quisieran hablar y de paso aprovechábamos para hacer preguntas y pedir indicaciones.


Por último, debo reconocer que fue bastante fuerte caminar por la Plaza de la República y ver a la gente acercándose al monumento central para homenajear a las víctimas de los atentados. Era un día nublado que hacia parecer todo a nuestro alrededor tan gris y opaco, donde lo único que resaltaba eran los colores de las flores, grafitis, banderas y fotografías que los parisinos iban a dejar allí a diario.



Homenaje a las víctimas en Plaza de la República




Mi viaje a París fue por trabajo y en mis ratos libres visité lo que pude de la ciudad. Fue una mezcla extraña la de trabajar teniendo una rutina diaria, entre mezclándome con el día a día de los parisinos pero a la vez siendo una turista en la ciudad, visitando atracciones típicas, todo eso bajo un contexto de crisis por terrorismo. Cada vez que pienso en esta experiencia siento que esos 15 días en París fueron en realidad un año, sentí que fue tanto en tan poco tiempo que hasta parece un poco ficción, todo lo que aprendí, vi, sentí sin dudas me hizo crecer y replantearme muchas cosas. Un aprendizaje inmenso.



Sobre mi trabajo en la COP21:

COP21: El acceso a la información que brindan las ONGs

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