• denissepeduzzi

Working Holiday Visa Nueva Zelanda: cómo la obtuve

Mi primer viaje de vacaciones y trabajo en el exterior fue con la Visa Working Holiday de Nueva Zelanda. Fue la primera que conocí y acá te cuento cómo fue mi experiencia, desde buscar información y cómo ahorrar hasta la solicitud de la visa y concreción del viaje.

Auckland, Nueva Zelanda

Luego de mis experiencias en el exterior trabajando en un proyecto internacional con Fundación TierraVida, tenía totalmente decidido que quería viajar.

Estaba viviendo en Córdoba, había terminado mi carrera hacía poco más de un año y no estaba muy contenta en el plano laboral, descontando mi voluntariado en TierraVida. Muy en el fondo también sentía que estaba cansada del ritmo acelerado de la gran ciudad y estaba aburrida, sentía que Córdoba había cumplido un ciclo. Todo eso me hizo replantearme los pasos a seguir. Amo Córdoba y pensar en dejarla me costó muchísimo. Era mi casa, mi hogar, mi vida adulta, donde había hecho amigos y familia y donde hoy aún están. Pero mi norte estaba bien claro: viajar. Así que después de casi diez años decidí volver a vivir a la Patagonia, a Neuquén.


Allí es mucho más fácil conseguir trabajo y “en blanco”, los sueldos son más altos que en el resto del país y considerando que no iba a tener que pagar alquiler por ser una niña privilegiada (pues si, hoy entiendo que tanto haber podido estudiar como no pagar alquiler fueron un privilegio) imaginaba que iba a poder ahorrar algo. Pensé en esa mudanza a Neuquén como algo temporal. Si bien mi partida de Córdoba era definitiva, mi paso por Neuquén sería temporal, iba a ahorrar para viajar, nada más. Cuando mi departamento en Córdoba estuvo totalmente vacío y me despedí de mis amigos/familia, consideré mi viaje iniciado porque ya no tenía un lugar propio. Mi hogar se había desarmado en Córdoba.



Cómo ahorré para la Working Holiday


En Neuquén conseguí tres trabajos al poco tiempo de llegar. Era Secretaria del dueño de una concesionaria de autos, Profesora de Comunicación y Cultura en un instituto terciario y de Relaciones Públicas en otro.

Aparte, hacía otros trabajos freelance (por mi cuenta), o sea que en total tuve cuatro empleos. Desde el primer día que empecé a trabajar me puse el plazo de un año para irme de viaje, con ahorros o sin ahorros, en avión o a dedo, el medio no importaba. Si o si el plazo era de un año.

El plan era obtener el permiso de vacaciones y trabajo de Nueva Zelanda, la llamada Visa Working Holiday, pero si no la conseguía me iría a Brasil. Elegí Nueva Zelanda porque en ese momento era la única Working Holiday que conocía, o sea, el único lugar que yo conocía que te permitía trabajar un año. Y como plan B elegí Brasil porque quería vivir en clima cálido, aprender portugués y estaba “cerca”, era más accesible para llegar que un país lejano.


El año que estuve en Neuquén la pasé excelente. Pasaba tiempo con mi familia, con amigos de toda la vida y podía ir todos los días al río. Menos cemento, más naturaleza.

Pero durante ese tiempo mis salidas fueron contadas con una mano. Pasaba mucho tiempo con mis amigos pero en planes que no requerían dinero o no tanto: ir al río, juntarnos a tomar mates, alguna cena tranquila, una birrita en casa. Pero bares, boliches, viajes y cosas por el estilo quedaron anuladas, creo que, como mucho, habré ido cinco veces a un bar a tomar una cerveza. Si o si me propuse ahorrar todo lo que pudiera en un año. Este “sacrificio” de no salir a un bar o boliche significaba: no pagar taxi de ida y vuelta, no pagar una entrada, no gastar adentro en bebidas, no “bajonearme” un pancho a la salida y así, lo creas o no, hacía una diferencia. La parte de anular viajes también sumó mucho.


Además, no gastaba dinero en nada que no fuera realmente necesario. Por ejemplo, no compraba “esa remerita que vi y me encantó” porque no me hacía falta realmente, tenía ropa y zapatos suficientes para ir a trabajar, hacer gimnasia y todo lo demás. Obviamente no me encantaba vivir tan “a lo rata” pero fue la única forma de poder ahorrar pues la economía argentina es bastante complicada y tampoco era que iba a vivir “ratoneando” así para siempre, era temporal. Era un añito para lograr mi objetivo y después vería cómo seguía (al final viví medio a lo rata por casi tres años viajando jaja pero siempre recortando cosas innecesarias con el fin de poder moverme, viajar y recorrer más y más lugares).


Estando en Neuquén siempre pensaba “esta pavada que me encanta pero que no necesito me cuesta lo que tal o cual cosa en el exterior” o “equis porcentaje del pasaje” y así se me iban las ganas de comprarme cosas. Me mentalizaba en mi objetivo y así evitaba gastar en elementos poco o nada necesarios. La verdad es que no hay fórmulas mágicas para ahorrar. Es trabajar e intentar guardar un restito por mes. Por más mínimo que fuera el monto, si sobraba algo al final del mes, lo guardaba. Lo mío capaz fue muy drástico jaja pero porque yo realmente quería irme en el plazo de un año. Capaz si lo proyectaba a dos o tres años era distinto o si hubiese tenido mejores sueldos en mis trabajos habría relajado un poco más, capaz disfrutado los momentos de ocio haciendo otras cosas... ¡pero eran cuatro laburos y aún así me costaba! Por eso adopté la medida drástica de suprimir salidas, viajes y demás compras innecesarias.


El trabajo de Secretaria era mi principal ingreso y los otros tres eran secundarios. No pagaba alquiler pero pagaba impuestos, expensas, Internet, bondi al trabajo, comida, todo eso que “necesitamos para vivir” y en el sur es bien caro. También la situación Argentina era otra en ese momento. Quizás hoy me lleve un poquito más tiempo ahorrar lo que necesitaba para irme en ese momento y sé que el país está complicado, ¡pero nuestro país siempre está complicado! Y hemos aprendido a vivir con eso y a adaptarnos... adaptarnos...palabra clave número uno para este proceso de iniciar la vida viajera. Creo que siempre hay una forma si uno realmente quiere. Puede llevar más o menos tiempo pero se puede.


Vuelvo a repetir que ésta es mi experiencia. Yo elegí esto y hacerlo de esta manera pero hay tantas alternativas como personas. He conocido personas que han trabajado años en Argentina para hacer el viaje de su vida de seis meses por ejemplo, y otras, como yo, que encontraron las Visas Working Holiday como una posibilidad. Pero también conocí gente que con $500 salió de su casa a dedo y terminó recorriendo muchos países. Depende de las ganas y valor de cada uno, además de lo flexible y adaptable que seas o estés dispuesto a ser.


Volviendo al permiso de trabajo en el exterior, para mi la Visa Working Holiday fue una puerta excelente porque no necesitaba ahorrar tanto como para un viaje de vacaciones en el exterior, en el destino podía trabajar y solventar el viaje con eso, era el plan perfecto. Y de hecho eso hice, trabajé y con lo que ahorré allí conocí también otros países.

Apenas llegué a Nueva Zelanda busqué un voluntariado para trabajar por alojamiento hasta que consiguiera trabajo pago, de esa forma no gastaba en alojamiento, solo en comida. Y así me fui rebuscando para poder empezar. No hay fórmula mágica. Es trabajo, esfuerzo, ahorro y adaptación.


Cómo obtuve la Visa Working Holiday

En Hobbiton visitando la casa de Frodo

Volviendo a la Visa, toda la información necesaria la iba leyendo en este sitio web. Dai, mi gurú viajera a quien mencioné en la primer parte de esta historia, ya estaba en Nueva Zelanda y me iba contando qué tal la vida allá, cuánta plata debía llevar realmente ya que no necesariamente es el total de lo que piden en los requisitos.

Además, Googleaba muchas cosas sobre Nueva Zelanda, veía precios de pasajes investigando qué meses eran más baratos, me uní a grupos de Facebook de viajeros en ese país y leía sus experiencias, cómo comprar un seguro médico de viaje, para qué servía, el precio, etc. Todo eso iba investigando de a poco. La verdad es que no podía hacer nada más que informarme hasta el día de aplicación (gestión de la Visa en Internet a través de la web de la Embajada).


El 21 de Septiembre de 2016 yo estaba lista con toda mi información en mano para completar el formulario online y en Nueva Zelanda contaba con Gise, otra persona clave de mi vida viajera y que siempre le estaré agradecida. Gise, amiga de una amiga, ya estaba con su WH allá y se copó a conectarse ese día a Internet también para que las dos intentemos conseguir mi Visa.


Yo no había logrado acceder a la web porque se saturaba por la gran cantidad de gente queriendo obtenerla pero Gise en un momento pudo y llegó hasta el final del proceso. Diez minutos antes que se acaben las Visas me llegó un mail de Inmigración diciendo que la mía había sido tramitada con éxito. Yo no entendía nada. Enseguida me llegó un mensaje de Gise avisando que la había conseguido. Tuvimos muchísima suerte y en ese momento las manos me empezaron a temblar. Me puse a saltar, gritar, bailar, llorar, reír, temblar, todo a la vez. Gritaba eufórica “me voy a Nueva Zelanda” una y otra vez. Fue un momento de miles de emociones y sensaciones. No lo podía creer. Festejamos virtualmente con Gise y después de un par de años por fin nos pudimos conocer personalmente en Australia. ¡Gracias Gise!


Ahora sí empezaba la acción. La Visa no estaba aprobada, solo estaba en trámite. Para que la aprueben tenía que enviar el papeleo correspondiente (toda la información sobre los trámites la detallé acá). Así que saqué turno para hacer el tramite de salud en Córdoba que es un requisito, viajé, me lo hice y el Doctor lo envió a NZ. Junté los papeles para demostrar que tenía fondos suficientes y los envié.

Lo que hace Inmigración es evaluar tu solicitud, chequear tu estudio médico y si gozas de buena salud, con eso deciden si te la aprueban, es decir, si te confirman que podés ir a NZ a trabajar un año.


Una vez aprobada mi Visa, comencé a definir ciertas cuestiones y concretar de a poco el viaje. Decidí la fecha de mi vuelo en base al pasaje más barato que encontré, compré el seguro médico de viaje por un año, busqué información sobre el clima y demás para saber qué llevar en el equipaje, entre otras cosas.


Acá empezaba la fase más de planeación del viaje. Mientras tanto, seguía trabajando y ahorrando lo que podía, vendí muchísimas cosas para juntar algo más de plata y regalé muchas más. Prácticamente me deshice de casi todas mis pertenencias.

Armé mi mochila y el 2 de abril de 2017 salí desde el aeropuerto de Ezeiza rumbo a Auckland, Nueva Zelanda, y ahí comenzó mi aventura.




Más sobre mi experiencia con la Visa Working Holiday de Nueva Zelanda:

Requisitos Working Holiday Visa Nueva Zelanda

Quiero viajar pero no se cómo


33 vistas0 comentarios